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¡Su cuerpo no es un cubo de basura!


Cuando uno presta mucha atención a lo que come, su entorno no tarda en mirarle con malos ojos. Al instante, usted pasa a ser sospechoso de ser egocéntrico, egoísta e incluso algo neurótico.

En mi opinión esta reacción podría tener como origen un trasfondo religioso mal entendido.

En algunos rituales religiosos, para purificarse hay que dejar de comer ciertos alimentos y bebidas. Un ejemplo claro son los ayunos (por ejemplo, Cuaresma, Ramadán o Yom Kippur). Y recordemos a Juan Bautista, el asceta judío que se retiró al desierto en la época de Cristo, alimentándose únicamente de miel y saltamontes. O a San Juan María Vianney (el "Cura de Ars", de principios del siglo XIX), de quien se decía que comía sólo patatas podridas. 

Del ayuno a la comida basura

No tardó mucho en extenderse la idea de que comer estaba mal, y comer mal... ¡bien!

Hoy día, la buena educación burguesa consiste en no hacer comentarios sobre la comida (ni siquiera positivos). La mejor manera de hacerlo es no prestando atención a lo que se tiene en el plato. Estar atento a lo que se come parece haberse convertido en algo vulgar que hay que evitar, porque está mal visto. Y en ese contexto la comida basura se ha extendido a todos los estratos de la población, incluidos los que no tienen ninguna justificación económica.

Un poco de fiambre con puré de patatas de sobre, pasta con mantequilla o directamente con kétchup o nuggets de pollo envasados constituyen el menú básico de los niños de muchas familias que tienen los recursos suficientes para comprar puerros, zanahorias, apio, col y otras verduras.

Muchos padres tienen la conciencia tranquila porque sienten que están enseñando a sus hijos a no ser tiquismiquis con la comida. Están convencidos de que tienen hijos bien educados y virtuosos, porque no prestan atención a lo que comen.

Esto es, en mi opinión, un enorme error. 

Nuestros cuerpos no son cubos de basura (¡y los de nuestros hijos tampoco!)

Al haber crecido en este ambiente generalizado respecto a la alimentación, no es extraño que a estos mismos niños, al llegar a la adolescencia, les encanten las hamburgueserías de comida rápida y que al ir a la universidad se alimenten de congelados, galletas de chocolate y refrescos de cola.

A corto plazo, esto no es bueno para sus dientes ni para su desarrollo físico o su rendimiento intelectual. Más tarde, esta alimentación será el caldo de cultivo para la diabetes, la depresión, la artrosis y el cáncer.

Y es aquí, en mi opinión, donde se encuentra una profunda contradicción con el propósito del ayuno, que puede ser practicado con fines religiosos o higiénicos. Y es que si el objetivo de la restricción alimentaria es la purificación, es aún más importante prestar atención a lo que se come.

Y volviendo a los casos legendarios de ayuno del principio, sin duda yo tomo partido por Juan Bautista frente al Cura de Ars; si se come poco, consumir únicamente miel y saltamontes me parece una dieta relativamente saludable. Comer patatas podridas, por el contrario, es la receta segura para convertir su cuerpo en un basurero, intoxicarlo y hacer que al final caiga enfermo y muera. 

Esto mismo se aplica a su dieta diaria.

Su dieta alimenticia

Si usted tiene una profesión que requiere un gran esfuerzo físico, al aire libre, en un país frío (leñador en el norte de Canadá, por ejemplo), y además come grandes cantidades de verduras de todo tipo, fruta, carne y pescado, entonces usted puede permitirse tomar de vez en cuando patatas fritas, barritas de chocolate e incluso caramelos.

Pero no puede ser lo mismo si usted tiene un trabajo de oficina en un país de clima templado y además se desplaza habitualmente en coche. En este caso, es mejor evitar al máximo lo que los ingleses llaman "junk food" (literalmente, "comida basura"), es decir, galletas saladas de aperitivo, comida rápida, dulces, refrescos, alimentos refinados y procesados, etc.

La regla es la siguiente: cuanto menos se come, mayor importancia cobran los alimentos individualmente. Si su estilo de vida es más parecido al del oficinista que al del leñador en los ejemplos anteriores, entonces usted debería tratar de ingerir únicamente alimentos con alto valor nutritivo: frutas y verduras frescas, hortalizas de hojas, tubérculos, legumbres, bayas, nueces, pescado azul, cereales integrales...

Comer bien… ¿una enfermedad?

Michel Dogna anunció no hace mucho en el sitio web Principes de Santé (Los Principios de la Salud), que los psiquiatras han inventado una nueva enfermedad: el trastorno alimenticio consistente en comer de forma sana, bautizado para que suene serio y científico como “ortorexia”. (1)

¿Significa eso que preocuparse por comer alimentos saludables es una enfermedad mental ? ¡Es lo que faltaba! Y sin duda la industria farmacéutica va a sacar rápidamente nuevos medicamentos químicos para curar esta “enfermedad”. 

La información parece absurda, pero puede encontrarla en la revista mensual Psychologies Magazine, así como en el periódico británico The Guardian, que describe en estos términos la "preocupante" enfermedad: (2) (3)

"Los ortoréxicos tienen reglas rígidas para los alimentos. Negarse a tomar azúcar, sal, café, alcohol, trigo, soja, maíz OGM o productos lácteos desnaturalizados [...] es sólo el comienzo de sus restricciones dietéticas. Todo alimento que haya estado en contacto con pesticidas o que contiene aditivos artificiales también es apartado de su dieta".

¿Enseñarán dentro de poco en los colegios a los niños a comer más colorantes, moléculas sintéticas y aditivos químicos para evitar que se vuelvan ellos también ortoréxicos…?

¡A su salud!

Juan-M. Dupuis

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Fuentes 

(1) «Êtes-vous orthorexique?», Michel Dogna, Principes de Santé
(2) Manger trop sain n'est pas sain, Psychologies Magazine

Tomado de:

Cuanta Azucar Nos Estamos Bebiendo

Ver foto en imagen en tamaño grande aquí
Tome menos bebidas azucaradas... tome más agua... beba salud.

El azúcar es la principal fuente de energía del organismo. Se “quema” para que nosotros podamos pensar, movernos, respirar, correr… pero ¿qué pasa si consumimos más azúcar del que necesitamos “quemar” para cumplir todas nuestras funciones? Pues ésta se transforma en grasa y es almacenada en el organismo para usarla después. Solo que a veces ese “después” nunca llega, pues se sigue consumiendo en exceso.

En promedio, una persona adulta de 1.68 mts y 65 Kg. de peso necesita alrededor de 2500 kilocalorías diarias, de las cuales sólo el 10% debería provenir de los azúcares simples, es decir, el azúcar que sabe dulce (pues el pan y la papa también son un tipo de azúcares pero más complejos).

Ese 10% significa que no se debería consumir más de 55 gramos de azúcar al día en el caso de las mujeres adultas, y alrededor de 60 gramos como límite máximo para los hombres. Cada cucharita que agregamos al café o a la leche contiene 5 gramos de azúcar.

Marco Yanapa, Bromatólogo Nutricionista

Fuente:

Más información en:

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Cómo Envenenar Niños

Por Frei Betto

Muy lejos del peso, documental de Estela Renner, producido por Marcos Nisti, debiera ser obligatorio el pasarlo en las escuelas y familias. Nunca he sabido de un filme tan pedagógico sobre la alimentación infantil. Nuestros niños están siendo envenenados silenciosamente al ingerir bebidas y comidas nocivas.

Todas ellas ampliamente anunciadas en la televisión y en Internet, de manera que les inculquen hábitos permanentes de consumo.

A pesar de que la legislación de muchos países ya prohíbe la publicidad de alimentos dañinos para la salud de los niños, como es el caso de Chile, Francia, el Reino Unido, el gobierno brasileño sigue sometido a la presión de las  empresas productoras. Flojea en asegurar calidad de vida a nuestra población. En cuanto a la Vigilancia Sanitaria, el Ministerio de Salud se las ve y se las desea invirtiendo millones de dólares en enfermedades evitables.

Las encuestas indican que los productos anunciados en la publicidad logran obtener hasta un 134% más de ventas.

En el Brasil el 30% de los niños tienen sobrepeso y un 15% de los mismos ya son obesos. Crece de modo alarmante la incidencia de la obesidad infantil, colesterol alto, problemas glandulares, diabetes tipo 2, cáncer, sin que se consiga poner un alto a la industria del envenenamiento sabroso.

Hay incluso escuelas que abren sus puertas al atractivo de las redes de comiderías, sin percatarse de que la calidad de los alimentos ofrecidos en ellas equivale a dejar entrar en casa a un asesino con armas. La diferencia es que el alimento nocivo mata lentamente y causa un mayor y más largo sufrimiento.

Estos datos hablan por sí solos: una bolsita de 300 gramos de caramelos contiene 120 gramos de azúcar; o sea el 40% del producto es puro azúcar.  Una botella de 1 litro de bebida láctea contiene 165 gramos de azúcar. Es como ingerir una taza de azúcar.

Una lata de 350 gramos de refresco del color de la ropa de Papá Noel contiene 37 gramos de azúcar, lo que equivale a 7 bolsitas de azúcar, de las que se ofrecen en los bares para endulzar el café. Si el niño toma una lata cada día, en una semana serán 259 gramos de azúcar, y en un mes algo más de 1 kilo de azúcar.

El brasileño consume 51 kilos de azúcar al año. Son más de 4 kilos por persona al mes. En el mundo 35 millones de personas mueren cada año debido al excesivo consumo de azúcar.

Un envase de 355 ml de zumo de uva contiene 48 gramos de azúcar, lo cual equivale a 9 bolsitas de azúcar.

Una bolsa de 200 gramos de batatas fritas contiene 77 gramos de grasa; o sea el 38.5% del producto es pura grasa. Es como ingerir media taza de aceite de freír.

Un paquete de galletas de 154 gramos contiene 30 gramos de grasa y 50 gramos de azúcar;  o sea que el 50% del producto son sustancias perjudiciales para la salud.

Un paquete de bizcochos rellenos contiene 30 gramos de grasa y 50 gramos de azúcar; lo que equivale al consumo de 8 panecillos del tipo francés.

Una caja de 200 ml de chocolates y un paquete de 400 gramos de vitamina instantánea contiene, cada uno, 29 gramos de azúcar; lo cual equivale a 6 bolsitas de azúcar.

Una caja de 400 gramos de harina contiene 146 gramos de azúcar; o sea que el 36.5% es puro azúcar. Y una botella de 2 litros de zumo de uva contiene 270 gramos de azúcar, lo que equivale a ingerir 1 ½ taza de azúcar, y sólo un 10% de zumo. La caja de 1 litro del mismo zumo contiene 145 gramos de azúcar, equivalente a una taza de azúcar.

Una bolsa de 35 gramos de zumo en polvo contiene 28 gramos de azúcar y un 1% de fruta; o sea un 80% del producto es puro azúcar.

En los envases casi nunca aparece la palabra ‘azúcar’. Es sustituida por ‘carbohidrato’.

Hay niños que consumen al día 250 calorías en productos azucarados, cuando basta ingerir 100 calorías para engordar 4 kilos al año. Y es bueno recordar que hoy día los niños son más sedentarios, corren y saltan menos, lo que favorece la obesidad.

Nuestras escuelas enseñan de todo menos educación nutricional. Nadie recurre cada día a sus conocimientos de historia o de química, hace operaciones algebraicas o habla en idioma extranjero. Pero todos comemos varias veces al día; y en general lo hacemos sin criterio ni noción de cómo el organismo reacciona ante los alimentos, ni en qué medida son benéficos o perjudiciales para nuestra salud.

El 18 de diciembre la Asamblea Legislativa de São Paulo aprobó dos importantes proyectos de ley: prohibir la venta de  bocadillos junto con regalos o juguetes, y la publicidad de alimentos y bebidas no saludables, o sea pobres en nutrientes y con alto grado de azúcar, grasas saturadas o sodio, en la televisión y en las radios desde las 6 a las 21 horas, y en cualquier horario en las escuelas públicas y privadas. Se espera que el gobernador, Gerardo Alckmin, apruebe ambos proyectos pioneros en el combate a la obesidad infantil en el Brasil. 

(Traducción de J.L.Burguet).

- Frei Betto es escritor, autor de “Sabroso viaje por el Brasil”, junto con Maria Stella Libanio Christo, entre otros libros.
Copyright 2013 – Frei Betto -  No es permitida la reproducción de este artículo  por cualquier medio, electrónico o impreso, sin autorización. Le invitamos a que se suscriba a todos los artículos de Frei Betto; de este modo usted los recibirá directamente en su correo electrónico. Contacto – MHPAL – Agência Literária ( mhpal@terra.com.br)

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El Chontaduro, una Mina de Oro


Por: Lisbeth Fog

Bueno para la salud, interesante negocio potencial. Se consigue en las esquinas, en platones que las mujeres ponen en sus cabezas, especialmente cerca de los hospitales, donde se les lleva a los enfermos por sus cualidades nutricionales. Pero también es un placer ver sus entrañas, como lo hacen los científicos a través de sus especializados microscopios: se sienten en una galería de arte.

El chontaduro es rico en aceites esenciales, vitaminas A y E, fibras y almidón, lo que lo convierte en un alimento completo, fortificante y equilibrado. Así lo califica Dominique Dufour, experto en alimentos del programa de frutas tropicales del Centro Internacional de Agricultura Tropical, CIAT, en Palmira (Valle), quien prepara sopa de chontaduro con calabaza porque es delicioso, dice, pero además porque le recuerda el sabor de la castaña tostada de su natal Francia.

En cortes que Dufour y su grupo de investigación hicieron del fruto crudo y vieron por un microscopio electrónico, pudieron llegar a conocer algunos de los secretos que esconde: cristales de metales como germanio, oro y platino que tienen la propiedad de estimular el sistema inmunológico.

Se sorprendieron además porque la estructura de las moléculas del chontaduro es una obra artística: hay en forma de tubos que parecerían diseñados y construidos por el más profesional de los ingenieros, o las que emulan estrellas o chispas vistosas, o las más amenazantes, grupos de lanzas filudas y cortantes. Estas últimas son dañinos cristales de oxalato de calcio y de sodio, que pueden cortar la lengua cuando se lo consume crudo. 

Por eso es necesario cocinarlo antes: para eliminar los cristales nocivos y que permanezcan sus componentes nutritivos. Los científicos les proponen a las “platoneras”, las mujeres que venden chontaduro por las calles de Cali, principalmente, que cambien su manera de prepararlo: luego de comprarlo en Puerto Chontaduro al caer la tarde, lo cocinan en sus casas hasta cinco horas en la noche, para salir en las mañanas a venderlo. 

La propuesta es disminuir el gasto energético usado para preparar su producto y cocinarlo en olla a presión durante 30 minutos, incluso en microondas o en horno seco, pues se dieron cuenta de que siendo la cáscara impermeable, el fruto recibe el calor por transferencia, sin que le entre agua, y se cocina en su propio jugo. “Hemos hecho degustaciones con más de 500 personas, y no encontraron diferencia significativa en el sabor”.

En un artículo publicado recientemente en Biodiversity and Conservation, los investigadores recopilaron alrededor de 200 documentos de la bibliografía internacional sobre el chontaduro (Bactris gasipaes), muchos de ellos colombianos, con varios temas como su diversidad genética y su conservación en diferentes colecciones de países de la región de América Latina tropical, sistemas de producción, programas de mejoramiento —un chontaduro puede pesar entre 10 y 80 gramos y medir entre 3 y 7 centímetros—, así como estudios socioeconómicos. Calculan que el negocio del chontaduro en Colombia mueve alrededor de diez millones de dólares al año, a pesar de que se cultiva en pequeñas parcelas del sur del país y se pierde un 60% de la producción. Con un programa de mejoramiento de la palma que lo produce, habría miles de oportunidades para producirlo a gran escala, convirtiendo en oro un fruto que, según Dufour, es uno de los alimentos más completos: el chontaduro lo tiene todo, de manera natural.

Fuente:

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¿Que Pasa Si Cambiamos la Dieta ?



Un grupo de investigadores de la Universidad de Lleida lleva cuatro años trabajando con el objetivo de comprender más ampliamente el funcionamiento del organismo, y así poder  detectar el origen de determinadas enfermedades. Dicha investigación,  publicada en el “Journal of Proteome Research”, revela cómo la modificación en la ingesta de algunos alimentos influye en el organismo, es decir cómo operan las diferentes dietas, ya que no todas las partes de nuestro cuerpo son igualmente sensibles a los cambios de nuestra dieta habitual.

Para la consecución de dicho objetivo se han centrado en estudiar los cambios producidos en la composición de la sangre, la orina y el contenido intestinal; observando la cantidad introducida de moléculas de origen vegetal en el organismo, las cuales tiene propiedades antioxidantes y se pueden encontrar en alimentos como el aceite de oliva, frutas, verduras y legumbres, entre otros. 

Cabe decir, que un mayor aporte de este tipo de alimentos modifica el funcionamiento de nuestro organismo, proporcionándole una mayor energía.

Estos cambios, son altamente perceptibles en el contenido cecal y la orina, pero poco perceptible en la composición sanguínea, según han revelado los estudios con animales.

Esta investigación ha sido financiada por el Ministerio de Industria y ha contado con la colaboración de diversas entidades y universidades, como la Rovira i Virgili de Tarragona, la Universidad Autónoma de Barcelona, la Universidad Complutense de Madrid, el Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC), el IRTA (Instituto de Investigación y Tecnología Agroalimentaria) y un consorcio formado por nueve empresas del sector agroalimentario.

Dicho estudio inicia la posibilidad de comprobar científicamente la veracidad de los efectos de determinados alimentos que prometen efectos beneficiosos sobre el organismo (como una fuente extra de energía o fibra, omega 3, calcio, etc) y que actualmente están en venta (aunque desconozcamos la influencia real en el organismo de ingerir ese ingrediente o alimento).

Fuente: Elpais.es

Publicado en Salud, Sobrepeso y Obesidad